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El rollopollo, relleno de tomatitos caramelizados, rúcula y parmesano
Rompo mi silencio porque ha llegado el momento de la toma de conciencia general sobre un asunto de enorme calado social: estoy a punto de lanzar una campaña para la erradicación de los sujetadores con hierros y rellenos varios.
Ya está bien de instrumentos de tortura y de engaño, que la edad media ha acabado hace tiempo y las modas del siglo diecinueve también. Que no es normal que una servidora vaya buscando un sujetador que simplemente sujete lo poco que hay que sujetar, sin tapujos ni constricciones, y se encuentre con que la opción más sencilla y cómoda ya no existe.
Para qué tengo que ir por la vida forrada de gomaespuma, que parezco la columna del garaje de la plaza de mi vecino, el que no sabe hacer maniobras con el coche. O con los hierros que se me clavan en las costillas y me dejan como un pincho moruno.
Pido a gritos la vuelta al sujetador de mi abuela. Por decreto ley.
Besos de verano, bien hallados,
Cannella
Con la cuestión del sujetador, me parece apropiada esta receta criminal (con los 38º de hoy) de pechuga de pollo.
En todo caso se puede guardar para cuando entre la ola de frío polar en lugar de la de calor africano de estos días. Para el que se atreva, está buenísimo y es un plato que se consume frío.
Para 4 personas:
medio kilo de pechuga de pollo en filetes
1 cajita de tomates cherry
1 bolsa de rúcula
sal, pimienta, azúcar moreno de caña, aceite de oliva virgen extra, vino blanco seco
ajo, cebolla, romero, salvia
parmesano rallado
Formar con las pechugas (cortadas finas) de pollo un rectángulo sobre una hoja de papel de horno. Aplastar la carne para que quede uniforme y fina. Salpimentarla y pincelarla con aceite de oliva virgen extra.
Preparar los tomates caramelizados cortándolos por la mitad y dejándolos marinar en aceite, poco ajo (que a la hora de cocerlos se quita), sal y pimienta. Añadir una cucharada de azúcar moreno de caña y ponerlos al horno una hora a 160º, moviéndolos de vez en cuando. Se pueden hacer también en una sartén de hierro, con paciencia, temperatura baja y tapadera. Y en Actifry.
Rehogar la rúcula en una cucharada de aceite, sal, pimienta, 1 diente de ajo (que luego se quita), hasta que pierda la mitad del volumen.
Colocar la rúcula sobre el rectángulo de pollo, espolvorear con abundante parmesano rallado, terminar con los tomates confitados.
Enrollar el pollo sobre sí mismo, con delicadeza, ayudándose con la hoja de papel vegetal. Atarlo con cuerda para guisar, como se hace con un asado normal.
En una pirófila o fuente refractaria, sobre una base de aceite, vino blanco (casi en partes iguales, un poco más de vino que de aceite), un poco de cebolla, un par de dientes de ajo, una ramita de romero y varias hojas de salvia,colocar el rollo de pollo.
Pasar al horno, precalentado a 200º, hasta que el pollo esté dorado, bañandolo a menudo con el jugo. A mitad de cocción, darle la vuelta, para que se dore uniformemente.
Cuando esté listo, sacar el pollo de la fuente refractaria y envolverlo, todavía caliente, en una hoja de papel albal, sellandolo bien. De esta forma la carne se mantendrá tierna. Dejarlo enfriar por completo, antes de cortarlo en lonchas finas.
Filtrar la salsa y servir el pollo a temperatura ambiente con la salsa ligeremente caliente.



